No olvidar…

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No olvidar…

Hoy 24 de marzo, recordamos con dolor, que hace 41 años, un golpe cívico-militar-eclesiástico instauro la última dictadura argentina responsable del terrorismo de Estado. En aquel momento comenzaron una serie de gobiernos totalitarios que cometieron crímenes de lesa humanidad, que como dijimos en alguna otra ocasión, aun tienen consecuencias en nuestro presente y las tendrán en el futuro, porque aquellos crímenes, siguen cometiéndose cada día. La desaparición de personas o la apropiación de niños, genero la alteración del devenir que iba a tener la vida de nuestro pueblo. Por lo tanto, hoy en día tenemos efectos directo de los bárbaros actos de hace 41 años. Y esto es porque aún faltan de sus hogares los desaparecidos y los niños que se apropiaron las autoridades y sus cómplices. La Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, siguen pidiendo la“aparición con vida” de sus hijos y han logrado recuperar muchos nietos nacidos en la clandestinidad. Sin embargo, aun faltan 30.000, y todos somos conscientes que el crimen original, se sigue cometiendo en cada instante que pasa. Por eso se sigue anclando la culpa de los genocidios, a la imprescriptibilidad de sus atrocidades. Hoy conmemoramos ese fatídico instante en que la cadena de brutales acontecimientos comenzó a tejerse hasta nuestros días. Y vale la pena que reflexionemos acerca de ello: Como es posible que los argentinos hayamos llegado a vivir esto? Si somos atentos podemos conjeturar, que los militares no estaba solos para semejantes actos. Por el contrario. Los mismos habían sido instruidos en el plan Condor que promovía los EEUU, para desestabilizar las democracias populares de latinoamericana y extraer de sus sociedades los “malos elementos” que se tildaron de subversivos. Muchos sectores civiles y empresarios, vieron en esta dinámica el camino de extirpar de la sociedad a aquellos que cuestionaban las formas del poder establecido y fueron cómplices o colaboradores de la dictadura. Lo mismo ocurrió con sectores eclesiásticos, que les dieron sustento a aquellos que se levantaron en contra de su propio pueblo. También tengamos presente el accionar de muchos medios masivos de difusión, que desde las tapas de los principales diarios estigmatizaban a los dirigentes populares, creando efectos de legitimidad sobre los delitos que se hacían sobre los ciudadanos perseguidos, manipulando la información siempre en favor de los poderosos que les retribuían con suculentos negocios. Esta infame mecánica, hoy vemos que se reedita en muchas prácticas, que pone en el lugar de sus enemigos a los docentes, a los dirigentes populares, o a los trabajadores en general. Ni siquiera faltan los presos políticos, porque desde hace más de un año se mantiene privada de su libertad, de forma ilegitima, a Milago Sala, y a otros dirigentes de la agrupación Tupac Amaru. Es bueno que tomemos el recuerdo de los ocurrido en la dictadura, para interpelar a los sectores democráticos sobre las prácticas que hoy intentan naturalizar discursos en contra de los docentes, de los sectores que protestan, de los paros, de la educación pública, de los programas de asistencia. Este es el mecanismo que ya puso a la sociedad en una crisis terminal, de la que pudo reponerse a medias, solo por el esfuerzo y el sacrificio de los sectores populares. Recordemos que la dictadura surgida del golpe de 1976 pudo establecerse, por la complicidad de muchos sectores que se favorecieron a costa del hambre y la libertad del pueblo, pero también por la pasividad de extenso segmentos sociales que aun siendo (o creyéndose) democráticos, privilegiaron antagonismos menores, frente al verdadero enemigo. Por eso es necesario defender las políticas de memoria, verdad y justicia que hoy se tratan de banalizar, porque son el reaseguro de un futuro digno para nuestro pueblo.

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